Recientemente tuve la oportunidad de ver  “La La Land”, una película al estilo antiguo de los musicales del viejo  Hollywood.Es un espectáculo  placentero,  donde las canciones, los bailes y las coreografías, logran crear un mundo de fantasía mezclado con la realidad.

La historia, en el fondo, es sencilla: entre los miles de jóvenes que llegan cada año a la ciudad de Los Ángeles, buscando fama y fortuna en Hollywood, se encuentran Mia y Sebastián.

Ambos, sin conocerse,  están buscando hacerse notar  para lograr una oportunidad de ser famosos en el ambiente del cine, el teatro y la música.  Ambos tienen su propia ambición:  Mia quiere ser actriz y escritora de obras de teatro, sin embargo tiene que ganarse la vida trabajando en una cafetería,  porque conseguir una entrevista para audicionar  es muy difícil.   Sebastián,  por su parte, aspira a triunfar reviviendo el jazz y a tener un club donde se toque con sentimiento y que represente al jazz como originalmente era, pero debe ganarse la vida como pianista, tocando música de fondo en un restaurante,  en donde nadie le pone mucha atención y en donde su talento se está desperdiciando.

Eventualmente  se conocen y se enamoran el uno del otro.

“¿Asistiremos a un final con un “vivieron felices por siempre?” Hay una escena interesante en donde Sebastián  canta una canción muy pegajosa, “City of Stars”.    La letra de la canción es significativa y juega como una especie de  preámbulo  del desenlace de la película y dice:

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Ciudad de las estrellas,
¿estás brillando sólo para mí?
ciudad de las estrellas
hay tanto que no puedo ver
¿quién sabe?
Lo sentí desde el primer  abrazo que compartí contigo
que ahora nuestros sueños
finalmente se han hecho realidad

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A  través de una serie de escenas y canciones,  se nos va mostrando la lucha de ambos.   Ella lo empuja a aceptar ser parte de una banda musical que comienza a tener muchas oportunidades, no solo en Los Ángeles,  sino a través de los Estados Unidos.  Este trabajo le da dinero y lo hará conocido. El andar de arriba abajo con la banda, los va alejando poco a poco.  En el entretiempo,  Mia sigue luchando: audiciones que fracasan; un monólogo, escrito por ella, que representa y se estrena en un pequeño teatro, ante la indiferencia de una audiencia de 4 o 5 personas que se están riendo en los momentos más dramáticos.  Finalmente,  se da cuenta que no puede seguir así,   y regresa  a la casa de sus padres.

Sebastián, encuentra un mensaje para Mia avisándole que están interesados en brindarle una audición, ya que vieron su potencial en el teatro.    La va a buscar a la casa paterna  y logra  convencerla  que acepte la oportunidad.

En esa audición, ella se luce y convence a los que la convocaron.

La  acción se traslada cinco años  hacia adelante: Mia es ya famosa, vive en una casa elegante, tiene una niña y  está casada, con otro hombre.  Una noche sale con su esposo y se les ocurre entrar a un pequeño club de jazz,  cuyo propietario es precisamente Sebastián, el amor de su vida.

Al volver a verse, ambos comienzan a pensar en lo que hubiera podido suceder.   Él empieza a cantar y la película muestra varias escenas con saltos imaginativos,  en la que se ven ambos casados y padres de un niño.  Después, esa escena se desvanece y regresan a la realidad en que viven.

La película termina en sentimentalismo—recuérdense que está hecha en Holywood–,  pero aún,  por medio de este espectáculo entretenido y magníficamente logrado, hay mucho que aprender para la vida de cada uno de nosotros.

Existe un serio debate sobre el efecto que tienen sobre las personas, las obras de teatro, arte, literatura y las películas. De acuerdo con San Agustín,  tienen un impacto negativo en los afectos y en los sentimientos, ya que  considera que dichas obras  llevan a la gente a  abrazar el error, más que la verdad.   Por otro lado,  Santo Thomas Moro y otros poetas cristianos del Renacimiento, pensaban que la literatura y el arte, en general, eran las más importantes de todas las disciplinas, porque podían llevar a la gente a la virtud.

Más recientemente, San Juan Pablo II,  no solamente era  un gran teólogo, un gran Papa y un gran santo, sino también un gran dramaturgo.  De hecho, también fue actor y escritor de obras de teatro, una muestra que la literatura y el arte en realidad, nos pueden llevar al encuentro de la verdad o la falsedad y a mejorar nuestro comportamiento ó a empeorarlo.

La película se presta a una honda reflexión: los dos personajes centrales  consiguen sus propósitos,  pero de una manera individualista y estrecha.

Al final, y en un sentido estrecho,  sí triunfan,  pero con una nostalgia profunda de lo que pudo haber sido,  triunfan sacrificando toda la relación entre ellos.  Sebastián  se queda solo y ella  casada con otra persona.  Cuando miramos la escena en la que Mia se imagina con profunda nostalgia lo que puedo haber sido y no fue,  hay también arrepentimiento de no haber perseguido un propósito más grande. Es un triunfo sin amor, que es lo único que realmente puede perdurar para siempre.

Tal como lo mencioné, la canción “City of Stars”, hace ya  la pregunta si en realidad las estrellas están brillando solamente para él o solamente para ella y si las estrellas mismas son solo  un juego de ilusiones,  ya que las únicas estrellas que aparecen son artificiales,  proyectadas en un planetario.

Más allá de las escenas maravillosas y los bailes, la película nos puede llevar a pensar sobre cuáles son nuestros propósitos: si son propósitos chiquitos, individualistas, donde el éxito se define solo en lograr lo que yo quería, donde las relaciones son pasajeras y el amor, un estorbo que hay que apartar…

Hay que pensar que cada vez que nos proponemos hacer algo estamos necesariamente sacrificando algo. Si elegimos ser los atletas más famosos del mundo, significa sacrificio, negociar una gran cantidad de posibilidades y tener una disciplina de atleta.   Si queremos ser los mejores escritores del mundo, también debemos tener disciplina y renunciar a una serie de cosas. Esto mismo pasa en cualquier área,  si queremos ser los mejores ingenieros, gerentes o economistas, si solo eso es nuestro propósito y lo tomamos en un sentido estrecho,  entonces estamos renunciando, quizás,  a las cosas más importantes.

Más aún,  no existe en la vida tal cosa como “yo hago lo que me da la gana siempre que no afecte a los demás”. Somos seres en relación con nuestros semejantes y con Dios.  Lo que hacemos,  afecta a todos.

Basta releer la fábula del Rey Midas para recordar esto último.

Midas vive para acumular oro, tal vez piensa que a través del oro es posible tener todo: fama, poder, placer…quizás piensa que la felicidad tiene también un peso en oro… su sentido y propósito en la vida es tener más oro.   De alguna manera lo consigue: todo lo que toca se convierte en oro.  Al deleite inicial de su toque y de más oro, le sigue pronto una gran desesperación, puesto que todo lo que toca se vuelve oro.  A los alimentos y a los líquidos, les pasa lo mismo.  Dudo que a alguno de ustedes se le haya ocurrido masticar una medalla de oro o  saciar su sed con oro derretido.

Nadie se atreve a acercársele, ni siquiera su familia porque temen convertirse en estatuas de oro.  El afecto y el cariño que puede haber despertado en otros, se transmuta en  horror y en soledad,  en hambre y sed insaciables,  no solo física, sino también afectiva y espiritual, al dedicar su vida a un  propósito materialista, individualista y estrecho.

La lección es simple: si no dedicamos tiempo a pensar en nuestro propósito en la vida, vamos a ir a la deriva,  pues otros nos lo impondrán o bien nos sacrificaremos en el altar de pequeños e intrascendentes ídolos.  El propósito de vida necesita un balance de todas las dimensiones del ser humano.  Sin dicho balance, desperdiciamos elementos cruciales de ser personas.

 Quiero referirme a otro relato, muy antiguo, en el cual el personaje  central,  lucha por alcanzar un propósito digno, a pesar de múltiples tentaciones, desafíos y peligros.  Podemos leer  “La Odisea”, como una historia de aventuras o bien como un reflejo de Grecia en la época de bronce o como un drama sicológico.   Ulises, es el rey de Ítaca (una isla griega) quien parte, contra su voluntad, a la guerra contra los troyanos,  forzado a cumplir con su deber.   Ulises es astuto y valiente.   Es él quién inventa el famoso caballo de Troya, mediante el cual, los griegos logran penetrar y capturar Troya.   El caballo de Troya tiene, aún en nuestros días, la connotación de un regalo que  lleva oculto una desgracia.

La guerra duró diez años y  diez años después de su fin, Ulises y sus amigos todavía no han vuelto a casa, prefiriendo navegar de isla  en  isla,  participando en una serie fantástica de aventuras, luchando contra gigantes y en contra de monstruos,  dioses y diosas.   Poseidón, el dios del mar,  detesta a Ulises y coloca en su camino, un reto tras otro.  Gracias a la astucia y valentía de Ulises —y a la ayuda de los dioses que simpatizan con él— se superan todos los desafíos.

A través de todo esto, su  esposa Penélope, junto con su hijo Telémaco, se mantiene fiel,  rechazando todos los pretendientes que la asedian, aún sin recibir por muchos años,  ninguna palabra de su marido y padre —   Tienen que recordar,   que la internet y los “smartphones”  son muy recientes y que,  aunque ustedes no lo crean, Adán y Eva no tenían esos aparatos,   ni surgieron con el Big Bang —– preguntémonos: ¿pero por qué Ulises tendría deseos de regresar a  casa,  con tantas aventuras esperándolo en el mar —donde siempre triunfa y puede cubrirse de gloria—  con los encantos de Circe y el amor seductor de la ninfa Calipso,   hija del océano, que le ofrece la inmortalidad, si se olvida para siempre de Ítaca?

La respuesta se encuentra en la navegación de Ulises hasta el borde del mundo y se adentra en las regiones oscuras del Hades,  donde se encuentra con las sombras de  las almas de los muertos.  Los griegos creían que cuando morimos, entramos a un mundo oscuro e  indescriptible donde somos solo  sombras.  Ulises conoce a todos los grandes héroes griegos del pasado, que en el Hades son casi nada…y que  sólo buscan  el consuelo de tener noticias de sus amigos y familiares que todavía viven.   Para Ulises, su viaje a Hades es una confrontación con su propio futuro, una oportunidad de  verse en un espejo, reflexionar y de poner toda su vida en perspectiva: —- ¿De qué se trata todo esto? ¿Cuál es mi propósito en la vida? interrogantes que todos debemos plantearnos y resolver,  a menos que nos reduzcamos a una serie sin sentido, de vivencias y emociones —- Viendo el vacío del estado de los  espíritus de los difuntos,  Ulises se da cuenta de lo que es realmente  importante en su vida.

En una especie de  muerte y una resurrección simbólicas, Ulises emerge del Hades diferente.  Inmediatamente se enrumba a su  casa, para reunirse con su esposa e hijo, viendo que esta relación es lo único que perdurará en su vida, una vez que sea su turno de entrar en las sombras del Hades.

Ulises regresa a su isla y disfrazado  de mendigo penetra a su palacio donde nadie lo reconoce,   excepto el perro de la casa y una empleada fiel.   Ulises,  ayudado por su hijo y dos humildes servidores,  acaba con todos los pretendientes. Al final,  Ulises recupera su trono y sobretodo su familia, la base de todo.   Es imprescindible notar que el logro no es solo de Ulises: cada uno en la familia, está dispuesto a ceder algo.   Ulises su sed de aventuras y placeres,  la esposa la posibilidad de vivir cómodamente con cualquier otro,  el hijo dispuesto a pasar penurias, tener fe, esperar a su padre y ayudarle a reconquistar su posición.   No se trata de un propósito solo y minúsculo,  sino uno en común y grande.

¿Qué es lo imperecedero para cada uno de nosotros?  Cuando nos encontramos cara a cara con el fin de nuestras vidas,  la única explicación de lo que somos,  de lo que hemos sido, de las bifurcaciones de los caminos que hemos tomado y dejado aparte en la  vida,  ¿qué quedará?

Para Ulises, fue recuperar el amor y la vida con  su esposa e hijo:   su legado no son  sus heroicas hazañas y aventuras  en el mar,  sino las vidas de aquellos a quienes influyó y dejó en su casa.  ¿Cuál es nuestro legado? puede ser que para muchos de nosotros, si miramos hacia atrás en nuestras vidas, veríamos poco más que una serie ansiosa de logros y cosas acumuladas,  como los peldaños de una escalera interminable que nunca nos termina de satisfacer, ya que cada vez que alcanzamos un nuevo peldaño, surgen otros deseos que no distinguimos de las verdaderas  necesidades y que nunca se sacian, ya que aunque quisiéramos  negarlo, tenemos sed y hambre de vida eterna…

La propiedad es siempre temporal.  La muerte es el gran ecualizador. Cuando morimos, todos nuestros bienes serán distribuidos por nuestros herederos y los tribunales. Ninguna de nuestras posesiones físicas es permanente.  El rey Midas muere solo.

¿Qué sobrevive? lo único que sobrevive es el amor y como dice Santa Teresa de Calcuta, seremos juzgados, no por nuestros éxitos,  sino  por nuestra fidelidad en el amor.

Me he referido a tres obras diferentes: la primera un propósito estrecho,  pequeño e individualista, ignorando todas las relaciones afectivas,   la segunda alguien que su propósito es aún más estrecho y solo encuentra la soledad y la muerte, la tercera un protagonista y su familia que luchan por un propósito amplio,  por una riqueza más profunda y más valiosa que el oro: por la unidad  familiar.

Como graduandos de la Thomas More, tenemos la obligación de definir nuestros propósitos de vida personal y profesional, sin que uno disminuya o trunque al otro.

Igualmente tenemos la obligación de buscar el difícil equilibrio entre lo que amamos y lo que ambicionamos.

Esperamos que sus decisiones futuras los lleven a convertirse en profesionales ejemplares, en todas las facetas de su vida, para el gozo y orgullo de sus familias, sus profesores, sus compañeros y de esta su alma mater, la Universidad Thomas More.

Recuerden que el logro de esta noche es fruto,  no solo de ustedes,  sino de sus padres, esposos, esposas e hijos y de todas las personas que lo hicieron posible.  A ellos también mis felicitaciones.

Que el señor los bendiga siempre.

Muchas gracias

DISCURSO DE RECTORA

Irene Rojas Arana, M.Sc.

28 de Enero de 2017