Discurso de Valedictor de Licenciaturas e Ingeniería, María Guadalupe Carcache


 

Antes que todo, hoy es un día para agradecer a Dios por habernos acompañado a lo largo de todo el camino recorrido. Cada uno ha vivido su propia experiencia de un ser superior, llámese como cada religión decida hacerlo, pero que al final es de donde todo proviene. Hoy es el día en que celebramos un logro muy grande en nuestras vidas; y más allá de eso, es el final de una etapa más, que a pesar de la rapidez con la que pasó, ha sido muy significativa y nos ha marcado para siempre, de forma única a cada uno; celebramos haber cumplido nuestras metas y el hecho de que hoy podamos afirmar que somos profesionales de primera tal como nuestra querida universidad nos prometió.

Sin embargo, como hace muchos siglos afirmó Heráclito: Nada permanece constante; por lo tanto, no puede haber un final sin un nuevo inicio, el cual como todo lo desconocido, nos genera temor, pero debemos estar seguros que vale la pena asumir el reto y seguir viviendo por nuestros sueños e ideales, aquellos que hoy están un poco más cerca. No tengamos miedo de iniciar desde abajo y empezar a caminar para alcanzar, ya sea la cima o la llanura de nuestros sueños, cuyos únicos límites son aquellos que nosotros nos planteamos, porque recordemos que es en nuestra mente donde radican las barreras para conseguir todo lo que deseamos para nuestras vidas y también el motor para conseguir todo lo que una noche como hoy nos proponemos alcanzar.

Haber estudiado en la UTM fue una experiencia retadora, pero es a este reto que agradezco,  ya que no solo superó mis expectativas académicas, sino que también me ayudó a crecer como persona. Fue una experiencia totalmente integral y en esta universidad encontré otra familia. A lo largo de estos cuatro años, siempre tuve una frase en mente: muchas veces la diferencia entre el fracaso y el éxito, es hacer algo bien o hacerlo exactamente bien. Esta frase ha permanecido en mi querido Departamento de Admisiones y me acompañó cada semestre, siempre cuestionándome. Hoy puedo expresar que no creo que la excelencia tenga que ser un sistema tan cerrado a errores; más bien creo que se trata de una mezcla sinérgica entre sueños y responsabilidad, acompañados siempre de un firme compromiso hacia nosotros mismos para cumplirlos, donde los errores son únicamente oportunidades de mejora.

En esta noche de triunfos, no sería justo no recordar lo vivido para llegar hasta este punto ni considerar los nervios del primer día en aquella universidad que se convirtió en un hogar para muchos, las primeras horas en Habilidades y Destrezas, las diferentes clases que nos pusieron a prueba y lograron unirnos, los viajes y todas aquellas experiencias que nos hicieron crecer individual y grupalmente; y lo más especial, un sinfín de pláticas en los pasillos de la UTM que forjaron amistades verdaderas que llevamos en nuestros corazones:

  • Mi mejor amigo, al cual después de cuatro años en mi vida, le doy gracias por estar siempre para mí y adivinar que humor tengo solo con verme. Gracias Norman
  • La sinceridad y la franqueza de mis amigos más cercanos: Jossen, Alejandra, Sandra, Andrea, Celia, Yareli y Ernesto
  • El entusiasmo y la alegría de las hermanas Cuadra
  • La increíble unión y compañerismo de Juan y su grupo entero
  • La extrema responsabilidad de Mayra y Lucía
  • La capacidad organizativa de nuestra muy querida Xaviera
  • El admirable emprendedurismo de nuestros compañeros: Aristides, Rodrigo, Eduardo y Naiyel
  • Y aunque no se gradúa hoy con nosotros, el maravilloso orden de mi muy querida y admirada Lola

Gracias infinitas a todos por ser cómo son, nada menos, ni nada más. Gracias a todos aquellos profesores que más allá de sus conocimientos académicos, nos enseñaron como es el mundo real, que pronto empezaremos a conocer y explorar por nuestra cuenta. También doy gracias en nombre de mi generación, a todo el personal administrativo de la UTM, porque con su trabajo contribuyeron al logro de nuestras metas. Especialmente agradezco a aquellas personas que se tomaron el tiempo de conversar y compartir un poco de sus vidas con nuestra juventud y deseos de aprender.

También, es un momento especial para agradecer a nuestros padres quienes durante toda nuestra vida han permanecido incondicionalmente a nuestro lado y han sido testigos de todos y cada uno de nuestros días; de manera especial a mi papá que desde muy pequeña me enseñó el sentido de la responsabilidad y a plantearme metas que perseguir, siempre queriendo que diera más de mí; a mi mamá quien cada día se preocupó por mi bienestar y me acompañó aun cuando el camino no era fácil, hoy reconozco que ella ha sido una de las mayores motivaciones en mi vida para seguir adelante y superar cualquier reto. A nuestros amigos, los que han tocado nuestras vidas de forma muy particular; a todas aquellas personas cuyos caminos se cruzaron con el nuestro y siguen caminando a nuestro lado, enseñándonos muchas cosas.

En esta noche quiero hacer una invitación a no tener miedo de construir la felicidad, que opuesto a como muchos piensan, no es un absoluto, ni un objetivo a alcanzar, es una realidad propia y adaptable, y es un camino más que un destino; no es tarea ni siquiera de nuestros padres decidir que nos hará felices, es nuestro derecho y nuestra responsabilidad cuestionarnos y encontrar lo que hará que decidamos levantarnos cada día y ser mejores.

Por otro lado, no se puede hablar de felicidad sin considerar uno de los ideales que ha movido a la humanidad a lo largo de la historia, la añorada libertad, pero no aquella que se confunde con la posibilidad de hacer todo lo que se quiera como verdaderos epicúreos; si no aquella que viene desde lo más profundo de nuestro ser y no puede sernos arrebatada: la libertad última, como afirmaba Víctor Frankl, ésta es la que nos da la facultad de moldear y decidir conscientemente nuestras respuestas a lo que acontece en nuestras vidas, la única que nos lleva a ver la felicidad como un estado constante y consciente, y no como un ideal que tal vez algún día llegaremos a alcanzar.

Hoy estamos donde hace cuatro años soñamos y decidimos estar, ahora desde aquí podemos ver nuevos horizontes y todo un mundo hacia dónde ir, solo debemos tomarnos la tarea de saber hacia qué lugar queremos llegar,  para así enrumbar nuestro camino porque como el sabio Lewis Carroll plasmó con el sonriente Cheshire en su obra “Alicia en el País de las Maravillas: “si no sabes hacia dónde vas, cualquier camino es bueno”. Pensemos en aquellos sueños e ideales que deseamos para nuestra vida, convirtámoslos en metas a corto, mediano y largo plazo y vayamos por ellas.

Somos jóvenes, muy deseosos de realización y de perseguir sueños, cada uno a través del camino que decida seguir y la ruta que quiera tomar, pero estoy segura que todos los caminos conducen a Roma. No dejemos pasar un segundo más sin vivir a plenitud y buscar la realización; siempre en capacidad de dar un poco más y servir a nuestra sociedad, al país que nos vio nacer y el cual necesita cada vez más de jóvenes con deseos de luchar como nosotros.

¡Estimados, lo logramos y hoy es el día para celebrarlo! Felicidades a todos por esta nueva meta alcanzada en el libro de nuestras vidas. Luchemos siempre porque para cosas grandes hemos nacido.

Graduación XVII
Discurso de Valedictor de Licenciaturas e Ingeniería
María Guadalupe Carcache
28 de Enero de 2017